Museología social

En los últimos años hemos visto la aparición y crecimiento de un nuevo concepto de museo que da paso a una nueva significación a aspectos tales como la accesibilidad, participación e inclusión social. De acuerdo con lo anterior, el museo social se concibe como un lugar de encuentro que establece puentes entre distintas culturas, al mismo tiempo acoge temas de emigración, marginación, clases menos favorecidas, mujeres, niños, refugiados de guerras y catástrofes humanitarias. (Lavado, 2015).

De igual manera, el museo social se implica con su entorno y los problemas del barrio o ciudad donde se asienta; en consecuencia más allá de almacenar objetos del pasado, se convierte en un generador de procesos e intercambios con la comunidad, para asumir funciones pedagógicas, comunicativas y relacionales en el encuentro con el otro.

Para Navajas y Gonzáles (2018), la museología social ha sido vista con recelo por la tradicional, en tanto es un movimiento de revolución que conlleva democracia cultural, interdisciplinariedad, diálogo, participación y reconoce al espectador como un sujeto activo. Por otro lado, también es vista con fascinación por su carácter innovador, en consecuencia en la museología social presenta un panorama en que convergen la función social, participativa y comunitaria de los museos, una nueva museología.

 

Prácticas artísticas comunitarias

Las prácticas artísticas comunitarias son una alternativa para involucrar al espectador dentro de la labor social del artista, inmersa en la realidad de un contexto social, político y cultural de carácter participativo.

Uno de los aspectos claves de este tipo de arte relacional y contextual es conectar la obra con las características reales que implican un espacio-tiempo específicos. A diferencia del museo tradicional, el arte participativo y contextual busca establecer un vínculo con la realidad de la comunidad, reconciliarse con el mundo y el espectador olvidado, que se convierte en su razón de ser. Tanto los procesos de creación como el resultado final son una construcción colectiva que exige la colaboración e intervención del otro.

En las prácticas artísticas comunitarias, el arte se piensa desde su función social y cuestiona aquello que sucede en lo colectivo, por ende el espectador se sitúa en el centro del proceso, como resultado para suscitar una reciprocidad entre el artista y el espectador que permite la construcción con el otro desde sus particularidades, diferencias e intereses.

En síntesis, las prácticas artísticas comunitarias surgen en contextos específicos para el desarrollo de experiencias colaborativas y democráticas que tienden a la reflexión en torno a las realidades sociales de una comunidad. Hay una preocupación por el otro, por sus necesidades, sus sueños, anhelos, frustraciones y deseos. Ramos (2013) señala que en este contexto el artista es un actor en contexto, y su obra no solo está cargada de un carácter estético, también sensible , para ofrecer respuesta a las preguntas e inquietudes de la sociedad.

 

Por: Juan Esteban Sampedro Serna