Derechos humanos, conflicto y posconflicto

Colombia es un país con un conflicto interno incluso antes de la muerte de Gaitán, y con frecuencia, reconstruir la historia para encontrar el punto donde todo comenzó a fallar se torna imperiosamente difícil. Sin embargo, se puede afirmar que cada día, hay un desbalance en la ejecución total de los Derechos Humanos en el país desde épocas de conquista y colonia, dando pie a un tejido social fracturado, tanto por el conflicto armado como por la falta de garantías para proteger a los individuos.

 

Los derechos humanos son “demandas o reivindicaciones de libertades, de facultades o prestaciones que están directamente vinculadas con la dignidad o valor intrínseco de todo ser humano” (Escuela Superior de Administración Pública, 2019), y tienen la finalidad de salvaguardar e impulsar la realización de la persona a tal punto de poder ser libre y respetado por sus pares, para que pueda vivir tranquilamente, sin miedo al prójimo y con la posibilidad de cimentar su vida sobre estructuras factibles que le garanticen una calidad de vida óptima. Estas palabras se convierten en utopía en el momento de recorrer la historia y las calles de la nación.

Uno de los contextos más evidentes para hablar de la inexistencia de los derechos humanos, es el conflicto armado, donde “la violencia contra la población civil […]se ha distinguido por la sucesión cotidiana de eventos de pequeña escala dentro de una estrategia de guerra que deliberadamente apuesta por asegurar el control a nivel local” (Grupo de Memoria Histórica, 2016); lo dicho significa que violentar a la población es una herramienta para que los grupos armados consigan sus objetivos de dominio territorial, poder y apropiación de recursos legales e ilegales.

Sabiendo esto, también podemos alzar la mirada fuera de las tierras colombianas. Observaríamos a la Angola de 1975, a Burundi tras sus 25 años de guerra o a medio oriente y sus numerosas ciudades destruidas, asimismo podríamos ver a las Madres de Plaza de Mayo dando vueltas alrededor de la Casa Rosada reclamando a sus hijos desaparecidos en la dictadura de Videla, al recuerdo aún tangible de las torturas y abusos de la periodista Jineth Bedoya cuando visitó la cárcel La Modelo para entrevistar a un paramilitar o a los ojos fríos e inertes de la mujer transgénero Juliana Giraldo, luego del disparo de un soldado. Es así como alrededor del mundo se viven guerras internas que dan paso a la violación constante de los derechos humanos, como también se pueden dar en otros ámbitos como la segregación de las minorías o la falta de un sistema judicial competente y eficaz.

 Para el 2016, Colombia firma los Acuerdos de Paz con una de las guerrillas más antiguas y poderosas de su territorio: las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas, donde se encuentra la importancia de reconstruir el tejido social roto por la guerra y fortalecer los lazos de cultura de paz para empezar a difundir la concepción de que se puede vivir en un país sin guerra; es así como los colombianos empiezan a transitar los caminos del posconflicto al que la organización española denominada Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (2006) define como “periodo de tiempo en el cual las hostilidades del pasado se han reducido al nivel necesario para que las actividades de reintegración y rehabilitación se puedan iniciar” (p.3-4).

 

Entonces, la guerra empieza a contarse de otras formas, ya desde el lado de los sobrevivientes y los excombatientes y se procura que tanto las generaciones actuales como las futuras, conozcan la historia para garantizar la no repetición de los hechos, y promover una sociedad más solidaria que se reconstruye paulatinamente. Pero es difícil hablar de algo que duele, por eso, se pretenden buscar nuevos formatos para la expresión y divulgación de los sucesos que conformaron la guerra, así como videos, poemas, imágenes, diarios, museos, entre otros, precisamente es en este punto donde cada colombiano está encargado de aportar a la construcción de una paz estable y duradera.

Por: Alison Mena